Chris (Daniel Kaluuya) y Rose
(Allison Williams) son una pareja que atraviesa por el encanto típico de los
primeros meses en una relación amorosa: todo es lindo, novedoso, dulce y
emocionante. Ante ello, Rose ha decidido que la relación debe avanzar, por lo
que convence a Chris para pasar todo un
fin de semana con sus padres.
La tensión y nerviosismo de
conocer a los suegros va más allá de lo normal para Chris, pues teme que los
rechacen por ser negro. Y mientras Rose insiste en que no hay nada para preocuparse,
la familia de la chica recibe al chico de una manera por demás complaciente…
Quizás demasiado.
Los padres y el hermano de Rose,
atosigan a Chris con cumplidos incómodos
todo el tiempo de tipo: como eres negro seguro eres un atleta genial, tu
composición genética te permite tener buen aguante en las peleas ¿no?,
etc. La situación es todavía más
incómoda para nuestro protagonista cuando nota que todos los trabajadores de esa casa son de
raza negra, quienes además siempre tienen una extraña sonrisa en el rostro
aunada a una actitud de trance permanente.
Cuando más “familiares blancos”,
entre tíos y primos de Rose, llegan a lo que parece una reunión anual y ven a
Chris como una pieza de museo exótica, las sutiles incomodidades por
comentarios inapropiados, pronto pasan a ser problemas reales, nuestro
protagonista comienza a darse cuenta de que quizás fue invitado a ese lugar por
otra razón y que sus suegros, y su “nueva familia política” en general, podrían
esconder una faceta maquiavélica tras esos extraños cumplidos.
Get Out nació de la pluma del
humorista afroamericano Jordan Peele (MADTv, Key & Peele), desde luego es un guión que contrasta con la fama adquirida hasta ahora por este escritor; pues llega a demostrarnos que no sólo se le da bien la comedia, sino que ha
iniciado con el pie derecho en la dirección de cintas de terror. Desde su
estreno en el Festival de Cine de Sundance, la obra de Peele ha recaudado más
de 230 millones de dólares en todo el mundo, y va por más al estrenarse ahora
en Hispanoamérica (bajo el nombre de ¡Huye!).
Tras el “sorpresivo” éxito que la
envuelve, hay que entender todo lo que el contexto de la película encierra tras
el terror y la incertidumbre que pueda causarnos la travesía del protagonista. En
primer lugar, aunque Pelee había anunciado sus planes para Get Out desde 2015,
la película estrenó apenas dos meses después de que Donald Trump asumiera la
presidencia de Estados Unidos. Sin ánimos de verme conspiradora, no es ningún
secreto el racismo y la intolerancia que ha promovido el nuevo soberano
americano.
La película muestra una forma
interesante de discriminación y acoso a través de halagos que se van tornando
peligrosos. Mientras Trump no ha dudado en gritar a los cuatro vientos su odio
hacia las diferentes razas, en la película vemos ataques que inician como
inofensivos (o como dicen popularmente “chingaqueditos”) y por alguna razón, la
familia de Rose encaja perfecto en el estereotipo de la familia caucásica de
los altos suburbios estadounidenses.
El racismo es un parteaguas en
esta obra, presente de principio a fin e implantado de forma capaz de ponerte
en el lugar de la víctima, sea cual sea tu etnia. Es por supuesto, muy
diferente a las cintas cuya trama se centra en la esclavitud de principios del
Siglo XX, pues traslada la problemática a tiempos actuales.
Get Out es ácida, incómoda y
creativa, lo que uno siempre busca en una cinta de terror, y añade para su buen
cierre algo de reflexión cruda y contemporánea. Muy recomendable.
¡Hola lectores! Disculpen ustedes el abandono, recientemente estuve planeando y organizando mi boda. Es todo un relajo que requería de todo de mi tiempo, sin mencionar la atención que me comprometo a dar a los clientes de la agencia de publicidad donde trabajo con respecto a contenidos escritos.
Ahora que la boda ya pasó, espero estar de vuelta por estos lares más seguido y ya no sólo con escritos, últimamente me siento muy creativa con garabatos y caricaturas, como el que les presento hoy.
En esta ocasión les presento este que se me ocurrió mientras realizaba un conocido, castrante y obligatorio trámite ciudadano. Vi muchos especímenes como estos y descubrí que tienen varias cosas en común.
El Mocosus Latosus también es visto en transporte público y suelen ser las crías de los Progeniturus Valemadr*s, que lo descuida por periodos prolongados:
Estos tiempos decembrinos me ponen más
idealista y soñadora de lo normal (si, es posible) y tomando en cuenta que las
efemérides de hoy se centran en el cumpleaños de una de las personas más
inspiradoras para mí, tenía que escribir sobre él: Walt Disney.
Muchas cosas pueden decirse de Disney como
individuo, mientras que para algunos es una mente brillante y un ejemplo en
varios ámbitos; otros prefieren concentrarse en los aspectos negativos que
rodean a su figura, como en la política machista que poseían sus empresas hace
algunos años -algo habitual en todas las compañías de la primera mitad del
siglo XX-, sus presuntos engaños malévolos a través de personajes subliminales
e incluso sus supuestos y disparatados vínculos con sectas.
En lo personal me inclino por la primera
faceta, la positiva, ya que todos al menos una vez nos hemos fascinado con sus
personajes e historias, o bien, con el legado que dejó y que ahora forma parte
de las nuevas generaciones; así como sus grandes enseñanzas en materia de
negocios, arte, marketing, liderazgo, relaciones públicas, etc. Sería hipócrita
de mi parte hablar mal de este genio siendo que toda la vida ha sido fuente de
inspiración para mí.
Hace poco hice un largo viaje al continente
asiático, a un lugar que quizás poco tendría que ver con Disney, si no fuera
porque al estar en esas tierras volví a sentir aquello que relacionamos
popularmente con el regocijo “Disney” en mi mente, eso que se siente cuando un
sueño por fin se cumple: al acabar una carrera, al obtener un reconocimiento,
al obtener el trabajo ansiado, incluso al enamorarse.
Así pues además del natalicio de Disney y
sus enseñanzas para la realización personal, este escrito a manera de conteo es
en parte gracias a ese viaje planeado por mi cuenta.
Aclaro, si las enseñanzas motivacionales se
dejan en palabrería e imágenes brillosas con “Piolínes” se chotean y se gastan;
pero cuando uno se decide a aplicarlas, son recursos muy valiosos. A
continuación las lecciones Disney más importantes desde mi punto de vista:
1.- “Si puedes soñarlo, puedes lograrlo”
Una frase dicha en forma textual por
Disney, lista para tacharse de cursi o
parloteo motivacional barato, la vemos en carteles “motivacionales” de Facebook
y suena al choro que te avienta cualquier hijo de vecino con complejo de Paulo
Coelho; sin embargo, bien aplicada y entendida puede hacer la diferencia.
Cuando somos niños estamos llenos de
sueños, esperamos vidas increíbles y
hazañas impensables para nuestro futuro; al crecer, la gente suele
olvidarse de las promesas que se hizo a sí mismo siendo más jóvenes y es cuando
comienzan las frustraciones.
Hubo una etapa en la vida de Walt en la que
se ejemplifica esta frase a la perfección: Disney anheló llevar a la pantalla
grande Alicia en el país de Las Maravillas, incluso antes que Blancanieves.
Pocos lo saben, pero fue Alicia la opera prima de Walt al surgir desde
principios de los años 20 en historietas cortas que planeaba y dibujaba en
conjunto con su hermano Roy.
Pasaron más de 30 años para que Alicia se
viera cristalizada como la película que todos conocemos ahora: pasó por
problemas de presupuesto, animación e incluso estuvo suspendida durante mucho
tiempo cuando Roy Disney contrajo tuberculosis.
Por fortuna ahí está, formando parte de la
infancia alrededor del mundo desde 1951.Quizás si Walt hubiera cedido a la
frustración en esos 30 años que conllevó la concepción final de Alicia, la
entrañable niña se habría quedado atrapada en piezas de papel.
Es verdad, todos hemos tenido frustraciones
alguna vez, pequeñas o grandes, lo grave es estancarse en ellas y conformarse,
pues es cuando el frustrado comienza con las quejas, el auto-reproche a sus
decisiones y la envidia a quienes consiguieron más.
La lección “Disney” de este punto es la
convicción para estar del otro lado, ver más allá de nuestra nariz y de los
problemas y claro, tener la valentía de hacer los sacrificios que cada sueño
trae consigo.
2.- Muchos villanos te esperan
¿Qué sería de la vida sin gente estorbosa e
indeseable? Algo realmente muy aburrido en verdad, lo decían nuestras propias
abuelas o madres cuando nos quejábamos de algunos compañeritos de escuela.
Nadie se libra de ellos, al avanzar inevitablemente habrá quien quiera
interferir o bien, aprovecharse haciéndose pasar por aliado.
Walt Disney se enfrentó con muchos némesis
a lo largo de su carrera, pero quizás el más destacado en este punto sería
Charles Mintz, a quien conoció en un estudio pequeño amparado por Universal
Studios.
Disney se presentó en 1928 ante ese pequeño
estudio para dar a conocer a su personaje más prometedor: Oswald, The Lucky
Rabbit. Fue Charles Mintz quien lo recibió, dándole a Disney la primera
oportunidad para que Oswald figurara en una serie de cortos. No obstante,
cuando Disney pidió más presupuesto a Mintz,
éste lo rechazó, lo despidió y le “arrebató” su personaje gracias a que el
contrato especificaba el cede de derechos a la casa productora.
Oswald duró poco bajo el control de Mintz,
Universal Studios lo absorbió y pronto pasó a manos de Walter Lantz y otros
antiguos colaboradores de Disney. Walt nunca volvió a tener la oportunidad de
animar a su entrañable conejo. Con el tiempo, Lantz dejó de lado a Oswald
para concentrarse en su propia serie: Woody Woodpecker, mejor conocido en
Latinoamérica como El Pájaro Loco.
El desenlace de esta historia, aunque tardío
llega a considerarse “feliz” cuando en 2006, Walt Disney Company compra de
nueva cuenta los derechos de Oswald, así, el personaje vuelve al legado que
dejó su creador.
Quizás se perciba como una anécdota
melancólica, pero si Disney no se hubiera topado a Mintz, Oswald nunca habría
visto la luz y más aún, si este productor no hubiese “jugado sucio”, no
conoceríamos al personaje alterno que Walt imaginó después de perder a Oswald:
Mickey Mouse.
Lo único que cabe recordar con este
ejemplo, es que cada persona libra sus propias batallas y aunque algunas se
planteen soluciones bajas o sucias, siempre habrá manera de enfrentarlos o
sobreponerse. Para satisfacción extra, recuerda que no hay nada como callarle
la boca a tus detractores obteniendo tus logros de manera limpia.
3.- Las cosas por cuenta propia salen mejor
de lo que esperas
Por alguna razón nuestra generación creció
con una tendencia extraña al trabajo en equipo, hasta para la tarea más estúpida
o simple. Aunque es cierto que el trabajo en equipo bien aplicado a niveles
institucionales y/o globales es vital, lo cierto es que en algún momento se
perdió el rumbo y se busca que todo se haga entre todos, muchas veces
entorpeciendo el proceso.
Walt Disney obtuvo la mayor parte de sus
ideas solo y únicamente buscaba colaboradores para lo esencial, siempre
cuidando que fueran los mejores de su rango –no sus “compas”- y asegurando sus
licencias (para no volver a vivir lo de Oswald).
Cuesta imaginar la “mesa de diálogo”, el
“focus group” o cualquier equipo de trabajo previo para Alicia en el País de
las Maravillas o Blancanieves. Si cada uno de los que trabajó en esta cinta
hubiera dado su punto de vista, o si fuera como en tiempos modernos que todos
se victimizan y se ofenden por todo… Quizás esas cintas seguirían en planeación
o tendrían pésimos resultados.
Disney, al menos en el inicio de sus proyectos, prefería trabajar solo, simplemente era el tipo de persona que sabía lo que quería,
con suficiente determinación para hacerlo y para quitarse de encima a los
indecisos que lo rodeaban.
Cuando nos dicen que aprendamos a trabajar
en equipo, muchos lo interpretan en los dos extremos que friegan el resultado:
preguntar el punto de vista a todos o bien, anteponer el suyo como verdad
absoluta de Mesías. No es ni una, ni otra; el buen trabajo en equipo se logra
cuando cada uno de sus miembros ha desarrollado empatía, pero en especial,
cuando ha probado con éxito sus habilidades de forma individual, no antes.
4.- Aprende a diversificarte
En la década de los 40, en plena guerra,
Disney se fascinó con la cultura latinoamericana y creó una película
inolvidable: Los Tres Caballeros.
En la trama, el Pato Donald abre sus
regalos de cumpleaños y la mayoría de ellos resultan ser de parte de sus amigos
latinos, por lo que aprovecha muy bien la ocasión para aprender más sobre la
cultura y costumbres de los mismos. El iracundo pero querido pato hace además
dos nuevos amigos: el periquito brasileño José Carioca y el gallo mexicano
Pancho Pistolas. Mediante canciones y jocosas anécdotas, se logra una semblanza
impecable, llena de colores, aprendizaje y nostalgia.
La posmodernidad y las victimas de primer
mundo de nuestros tiempos, podrían colocar a esta película como ofensiva y
plagada de estereotipos, pero lo cierto
es que en el contexto de la época tuvo una excelente respuesta por parte de
todos los involucrados, contó además con la participación de buena gana de
actores latinos destacados, tales como: José Oliviera, Joaquín Garay, Aurora
Miranda, Carmen Molina, Dora Luz, etc.
En el contexto histórico, en ésa época
faltaba mucho por hacer en materia de empatía racial, por lo que a pesar de las
críticas quejumbrosas y modernas, esta producción y la predecesora “Saludos
amigos”, contribuyeron con el parte-aguas que fomentó la sana convivencia con
los latinos en las producciones cinematográficas de Hollywood.
En la actualidad, el legado Disney ha
explorado diferentes culturas y razas, dando a sus compañías de forma global,
una política incluyente y solidaria.
5.-
“La mejor manera de empezar algo, es dejar de hablar y empezar a
hacerlo”
Mi frase favorita, una ley de vida que
todos deberían aplicar para ser menos metiches y más felices. Disney logró
aprender que cuando se juzga menos a terceros y se más concentra en lo propio,
se obtienen resultados increíbles.
Cuando sus hijas le hablaron del personaje
de Mary Poppins, él les prometió que haría una película basada en esa increíble
niñera.
Walt pudo haber aplazado esa promesa toda
la vida, parlotear una y otra vez y dejarlo en un anhelo incumplido; nadie se
lo hubiera reprochado – probablemente ni siquiera sus hijas al crecer-,pero
optó por hacerlo de verdad, y aunque la creadora de Mary Poppins, Pamela Lyndon
Travers, resultó ser una persona difícil para negociar, después de muchos años
de visitas a Londres y de invitaciones a Disneyland, finalmente Lyndon Travers
accedió para que Julie Andrews personificara a ese personaje en el largometraje
musical que todos conocemos.
A través de este texto, seguro ya cayó en
cuenta, querido lector, que Walt Disney
creyó en si mismo, pero sabía que la magia de las hadas en sus películas no
llega sola, por l oque n ose quedó en “choritos” motivacionales y realizó
múltipeles esfuerzos y sacrificios hasta ser, aún tras su muerte una figura
clave en la historia del cine y los negocios.
Estos días siempre traen consigo
la vibra temerosa por doquier ¡y qué época tan maravillosa! porque de ese
“temor” somos todos partícipes: elaborando disfraces, disfrutando de la comida
típica, sacando nuestro lado más artístico, etc.
No obstante, al pasar todo este
ambiente extraordinario, se quedan situaciones y personas indeseables que
producen verdaderos dolores de cabeza e incomodidad brutal los 365 días del
año. Precisamente de estas últimas hablaremos hoy, seguro en tu círculo tienes a más de una.
Sin necesidad de grandes
conocimientos en psicología, es fácil detectar a estos especímenes:
1.- El tóxico
Están por todas partes, física y
mediáticamente. Últimamente todos hablan sobre ellos, como evitarlos o como
sacarlos de tu vida “sin rebote”. Lo
triste es que ninguna de las dos tareas es fácil, la mayoría de las veces es
normal desarrollar un profundo aprecio (o apego) hacia estas personas y es
fácil sentirse culpable por alejarte de ellos, de pronto podrías juzgarte a ti
mismo como el villano.
En mi muy particular punto de
vista, es imposible rodearte sólo de personas positivas que ayuden a tu
crecimiento personal. Las personas tóxicas son parte de la vida de todos y a
veces están más cerca de lo que creemos, lo ideal es sobrellevarlas sin
tomarlas en serio. Todos necesitamos rivales y/o personas difíciles para
aprender de la vida misma.
Sería ideal dejar de azorarse por
la existencia de estos seres, en especial para no terminar siendo parte de esta
temida legión ante tanta insistencia, recuerden la sabia frase de Friedrich
Nietzsche:
“Quien con monstruos lucha cuide
de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo,
el abismo también mira dentro de ti”
2.- El familiar incómodo
La familia es lo primero, es siempre
en nuestros primos y tíos que encontramos, además de en nuestros padres, apoyo
incondicional, son los primeros consejeros y amigos… o eso dicen. Aunque en
general la afirmación anterior es cierta, no falta en la familia algún miembro
tóxico. Esta situación es más incómoda que el punto uno, porque el hecho de
recibir malas vibras se vuelve más grave si quien las tira es parte del círculo
que se supone que está para alentarte.
Puede ser un hermano, un primo,
etc. Es ese individuo que siempre ha
estado presente en tu vida, de alguna forma y en variadas intensidades, te
ha “fregado” con su mala entraña y desde
la primera vez se percibió la incomodidad.
Gracias al cielo ahora eres mayor
y afortunadamente sólo debes ver a ese familiar en ocasiones esporádicas,
quizás lo tengas en Facebook y aunque de pronto no lo reconozcas porque se
volvió un experto en ocultar su innegable “color de llanta” con variados
filtros en la mencionada red social, su esencia es indiscutible.
Cabe destacar que tampoco vale la
pena enfocarse mucho en este ser, al igual que si fuera un amigo o compañero
tóxico, existen formas civilizadas de lidiar con él (siempre y cuando su mala
vibra no afecte tu integridad física, claro está). Lo importante en este caso
es que tomes una distancia razonable, siempre será aquel a quien tus padres
insisten en invitar a tus eventos
importantes porque es “familia” y ni modo, muy a tu pesar tus padres tienen razón y a menos que tu
integridad física se vea afectada, las malas vibras del familiar incómodo no
serán percibidas por los demás. Muéstrale siempre tu cortesía.
3.- La señorita que te atiende en el
SAT
Siempre estará ahí, con esa torta
de quesillo apestando al lado de su regazo y con su jugo verde sin colar a
medio tomar. Es casi como un familiar, tampoco puedes prescindir de ella, para
bien o para mal la necesitas o la necesitarías cuando menos te lo esperes.
Lo ideal sería ponerle música
para calmarla, como se hace con las bestias legendarias, pero corres el riesgo
de que utilice este pretexto para justificar su improvisada sordez y tampoco tú
la escucharías ante su afán por susurrar todo.
Por un lado, puedes ver lo menos
posible a este espécimen gracias al rudimentario sitio web del SAT, que te
servirá para trámites muy básicos, pero por lo menos –y si tienes suerte-
deberás ver a esta señorita cada cuatro años para renovar tu Firma Electrónica.
Lo mejor para sobrellevarla es
imaginar que es un adorable perro Bulldog, que tras esa cara chata de pocos
amigos, todavía queda el alma de un afligido contribuyente más con sueños e
ilusiones. Cuando no puedas enfrentarte al caótico sitio web de esta
dependencia, intenta hacer tu cita lo más temprano posible para que no la
agarres desayunando ni de malas por haber atendido ya a veintitantos incautos.
4.- La enfermera del IMSS
Esta subespecie de la que
encontramos en el SAT, es conocida por
amar su trabajo tanto como a los pacientes que acuden a ella… No puedes
levantarle la voz y en especial, no acudas a su lecho a menos que ya hayas averiguado
que no hay posibilidad de acudir a alguien más. Si te atreves a considerarla tu
primera opción para pedirle informes o para preguntar por algún enfermo, te
arriesgas a su cara de fuchi y a una que otra regañiza por no saber nada de la
vida según su percepción.
Quizás sea difícil en
circunstancias que ponen en jaque la salud, pero la clave con este peculiar
individuo es no mostrarle desesperación y angustia, ya que los considera
aperitivos previos a su atole de nuez.
Si tienes suerte quizás
encuentres una enfermera con vocación de servicio que pueda ayudarte, son casi
seres mitológicos, pero existen y ya han sido observadas.
5.- Cualquier próximo ganador de las
elecciones en EE.UU
He aquí el peor de la lista.
Muchos creen que Hillary Clinton sería una bendición para México, pero quizás
estos mismos desconozcan que la candidata no es precisamente partidaria de los
intereses mexicanos.
Sabemos de antemano que Donald
Trump es un peligro para México en materia migratoria y comercial, pero las
propuestas del republicano no difieren tanto de las de la Señora Clinton. Para
empezar, cualquiera que gane tendrá una relación incómoda con Enrique Peña
Nieto, a quien todavía le quedan dos años en La Silla: los primeros asuntos a
tratar serán en materia de corrupción, además de la extradición del Chapo
Guzmán.
Al contrario de lo que se cree
popularmente, Trump no inventó la propuesta de poner un “muro” físico entre
México y Estados Unidos, esa idea se remonta hasta la administración de Bill
Clinton. Cabe destacar que la primera vez que Hillary buscó la presidencia en
2008, proponía registrar a todos los inmigrantes ilegales para “marcarlos” de
alguna forma si hubiesen cometido algún delito.
A mediano plazo, lo que más hay
que temer de ambos candidatos es el cambio de los tratados comerciales que
tienen con nuestro país, a ninguno de los dos les hacen gracia los actuales y
aseguran que con ellos arrebatamos empleos a sus compatriotas a lo loco.
Permanece atento luego de la
depresión post-Halloween/Día de Muertos, el verdadero terror puede darse en
cualquier época del año ¿Crees que faltó algún ser digno de la lista?
Es un hecho (o debería serlo a estas alturas): el
presidente mexicano actual es consciente de su desaprobación entre los
ciudadanos, no por nada su slogan del 4° informe de gobierno dejó claro que
"lo bueno casi no se cuenta pero cuenta mucho”, en un intento desesperado
por resaltar las bondades de su administración.
Más allá del cuestionado cambio de formato en el
Informe –donde el mandatario se dirigió principalmente a la “chaviza”-, la
cuestión es que si el presidente sabe que no es “monedita de oro” ¿en qué
momento pensó que invitar a Donald Trump era buena idea?
Desde antes de ser candidato presidencial, el
multimillonario estadounidense de las bienes raíces dejó claro el odio que
siente por los mexicanos (entre otras minorías de su país). Nos llamó
reiteradas veces “delincuentes” y “violadores”, no obstante, fue invitado por
nuestro propio presidente “sin rencores.”
Su visita se hubiera entendido quizás, si el
candidato republicano ya fuera de manera oficial el presidente electo, habría
mucho que discutir entonces, para empezar las nuevas salvedades del TLCAN y el
“moche” que nos tocaría con el caprichoso muro que sueña el magnate. Pero la
visita ahora, en pleno marco del Informe y a escasos meses de la elección
estadounidense, fue una pésima decisión.
Es cierto, Hilary Clinton también fue invitada a
nuestro país, pero se ve dudosa su llegada, ya que no le cayó en gracia la
invitación hacia su contendiente ni la manera en que Peña Nieto prácticamente
se puso los pies de este.
Trump regresó triunfante a Estados Unidos, quien
sabe que habrá charlado con el Presidente, pero debió ser una plática muy
confusa para ambos. Por un lado el buen
Donald tiene en la mente todavía que el pueblo mexicano pagará el muro de sus
sueños; mientras que nuestro presidente trata de “consolarnos” diciendo que de
haber muro no lo pagaremos nosotros ¿a quién le creemos?
En noviembre
se decide el destino del mundo con la elección del nuevo presidente de
la Unión Americana, sería desastrosa una segunda visita de una persona tan
non-grata para los mexicanos, por lo que no nos queda más que desearle buena
suerte a Hilary, aunque cabe resaltar que con ella también estará pendiente la
discusión de los nuevos tratados de intercambio comercial, no crea que la
señora Clinton es muy feliz con la planta de Oreo en territorio nacional.
En fin, con el evidente repudio de la población por
esta polémica visita, Presidencia ya no supo ni dónde meterse; luego dijeron
que había sido idea de Videgaray y dieron unas cuantas “patadas de ahogado”
para justificarse, pero la percepción pública ya está dañada, nada más espere
las siguientes encuestas de aprobación del Ejecutivo, le garantizo un desplome
histórico.
¿Qué estabas pensando, Nicolás?
Otro que cayó de la gracia nacional esta semana fue Nicolás Alvarado, hoy
ex-director de TV UNAM. Y es que a pesar de su experiencia como periodista olvidó
la institución a la que representaba y en pleno duelo nacional despotricó
contra el fallecido Juan Gabriel.
Mientras muchas señoras lloraban la muerte del
músico y otros tantos señores se fueron de parranda en su honor, Alvarado se
autoreconoció como “clasista” en su columna de Milenio y tachó de “nacas” las
composiciones de El Divo de Juárez.
El fenómeno Fans de JuanGa-Nicolás es muy
interesante, podría decirse que ambos lados estuvieron mal. Por un lado, queda
demostrado una vez más que la libertad de expresión tiene sus límites –aunque
no debería de ser así-, que cuando uno cree estar criticando a una sola persona
o idea, olvida que también puede ofender a sus simpatizantes porque el mexicano
promedio es especialmente sensible cuando de trivialidades de la farándula se
trata.
No obstante, otro hubiera sido el caso si Nicolás
trabajara exclusivamente para Milenio o cualquier otra empresa privada, quizás
habría muchos ofendidos, pero difícilmente hubiese sido presionado para
renunciar. El conflicto, como ya lo mencioné es que Nicolás era cabecilla
cultural de los audiovisuales de la UNAM, la máxima casa de estudios en México:
PÚBLICA Y LAICA. Ahora hasta la CONAPRED lo trae en la mira para que vaya a
cursos de sensibilización y aprenda a no discriminar.
Lectores, que estas dos lecciones de hoy nos sirvan
para entender que nuestra opinión es importante, pero lo es aún más que sea
congruente con lo que representamos y hacemos. Es válido involucrarse en
acontecimientos relevantes y en temas polémicos es por supuesto obligatorio
para quienes escribimos.
A veces es recreativo incomodar, uno no está libre
de pecado pero por mi parte recuerde que este espacio es… “Sin ánimos de
ofender”
Cada quien decide que modas le acomodan, pero tal parece que
ser feliz no es opción en nuestros días ¿qué por qué lo digo? Fíjese nada más
en sus páginas más habituales de Internet, siempre hay algo por lo cual
sentirse culpable, aunque uno no tenga vela en el entierro.
Tomemos por ahora el caso de una app popular que ha traído a
todos de cabeza en las últimas semanas, para bien o para mal: Pokémon Go.
Las mentes que se presumen “maduras e intelectuales” han
tachado a aquellos que juegan Pokemon Go de ñoños e inmaduros. De forma
personal, no tengo nada en contra de este videojuego, de hecho me parece un
concepto muy creativo y una app más para convivir con los amigos de forma
amena; además, al crecer en los 90’s nunca podría ver a Pokémon con malos ojos,
ya que representa una de las bondades de Nintendo a la que le tengo aprecio
nostálgico.
El debate entre Anti-Pokémons y Maestros Pokémons continúa,
pero hace unos días, los primeros lanzaron un golpe bajo a los segundos gracias
a una polémica serie de fotografías:
Resulta que una campaña difundida por la agencia de prensa
del Ejército Libre de Siria (ELS), un grupo que se opone al régimen de Bashar
al Assad, aprovechó la popularidad de Pokémon Go para retratar niños sirios con
dibujos de estas populares criaturas ficticias, hablando los mismos en primera
persona con slogans tipo “estoy en Siria, ven por mí” y algunos subtítulos de
chantaje emocional donde se lee “no te olvides de los niños sirios.”
Ojo, en primer lugar,
deberíamos conocer las organizaciones y grupos que se ocupan de mejorar
la calidad de vida de aquellos infantes. En lo que respecta al Ejército Libre
de Siria, la mente tras esta campaña, dudo que represente una institución
idónea que garantice como prioridad la
seguridad de los niños. Lo dudo, porque además de tener infantes en sus tropas,
en general poseen un historial repleto de armas caseras, ejecuciones, atentados
y protestas sanguinarias.
En todo el mundo, el estatus del ELS entre “justicieros” y
“mercenarios” no es claro: por un lado, se les reconoce y aplaude su lucha
contra el Estado Islámico; pero por
otro, también es frecuentemente cuestionado por buscar derrocar un mandato
violento utilizando más violencia.
En fin, los conflictos en Medio Oriente tristemente no son
novedad, pero han ido más lejos con el mensaje intrínseco de esta reciente
hazaña publicitaria dirigido a Occidente, el cual puede interpretarse más o
menos así: “Maldito tú y tus privilegios fuera del tercer mundo, debería darte
vergüenza ser un poquito feliz y tener
distracciones inofensivas mientras los niños sirios te necesitan ¿cómo te
atreves a tener Smartphone e Internet? Deberíamos de detener toda nuestra vida,
todo nuestro progreso, en aras de ayudar a niños vulnerables” ¿Se fija? Un
reproche vacío que no viene al caso.
En efecto, sí, se
debe hacer algo por los derechos de los más inocentes, pero algo realmente
efectivo y objetivo, como conocer las campañas de la Unicef, contactar con los
encargados de las embajadas, dar a conocer recursos de ayuda con publicidad
certera y propia, etc. No entiendo como ayudará el hecho de hacer sentir
culpables a los jugadores de Pokémon Go, no los veo comprando un boleto a Siria
(ni a ellos ni a los eternos revolucionarios de sofá resentidos con la vida.)
¿Cuál es el afán de echar a perder una afición? ¿Acaso los
eternos inconformes no tienen hobbies? ¿Debemos dejar de lado nuestra felicidad
personal porque en el mundo siempre habrá gente en desgracia? Cuídese mucho del
chantaje que otros quieran reprocharle para alterar su paz.
Este mundo y sus razonamientos me tienen intrigada, Sólo
puedo retomar las palabras del filósofo Bert Hellinger y aplicarlas como
consejo:
“Hay que cuidarse de las VÍCTIMAS, son muy peligrosas.
Alguien que se queja de lo malos que fueron con él, está buscando un aliado, no
está buscando arreglar su situación. Una víctima nos arrastra a su estado. Hace
que todos sean culpables. Todos los que no se "solidarizan" con su
estado son "malos". Una víctima es muy peligrosa; daña a todos."
Recuerde: ayudar al prójimo es admirable, y siempre es
posible si se tienen los datos adecuados; lo difícil es distinguir una
operación de auxilio factible de una maraña de chantajes. Juzgue usted, sea
cauteloso, haga lo correcto y viva feliz aunque le arda a la chairada más
acérrima.
Ese es mi consejo, como siempre, puede tomarlo, maldecirme o
permanecer indiferente, pero sobre todo, recuerde que este espacio es… Sin
ánimos de ofender.
Todo indica que son días malos para ser
gorila u oso polar. Algo pasa en los zoológicos últimamente que mucho
tiene que ver con nuestra responsabilidad bioética. Ahí tenemos a Arturo, el
oso polar más triste del mundo, condenado a un entorno caluroso y solitario en
el zoológico de Mendoza, Argentina. Arturo llegó a ese recinto en 1993, como un
simple objeto de canje entre instituciones. Nunca conoció la tundra, ni las
auroras boreales, mucho menos sintió la nieve en su nariz; no tenía espacio
para correr, nadar o desarrollar sus habilidades natas de caza.
En los primeros días de este julio, el buen
Arturo encontró su descanso luego de más de 20 años enclaustrado. Es obvio que
nunca se consideraron sus necesidades, y es todavía más triste saber que ni
siquiera murió cerca de uno de los suyos, pues perdió a “Pelusa” –su compañera
de celda- en 2012.
El caso particular del zoológico de Mendoza
llamó la atención mundialmente, ya que una gran variedad de los especímenes que
albergaba murieron en menos de dos semanas. La buena noticia es que este lugar
ya está cerrado desde mayo, incluso antes de la muerte de Arturo; pero ¿qué
pasará con los animales sobrevivientes? ¿Debemos condenar a todos los
zoológicos por igual? ¿Es el cierre de esos espacios la solución definitiva?
Otro argumento contra los zoológicos se
desprende del caso de Bantú, el gorila estrella del Zoológico de Chapultepec en
la Ciudad de México. Bantú partía sedado hace unos días hacia Guadalajara,
donde se encontraría con su pareja potencial para continuar con su legado.
Lamentablemente Bantú falleció en misteriosas circunstancias durante su
trayecto, todo indica que fue víctima de una sobredosis de anestesia, las autoridades
correspondientes ya están indagando en el caso.
Quizá muchos comparen el caso de Bantú con el
de Harambe, el gorila que fue asesinado en el zoológico de Cincinnati para
salvar la vida del niño que cayó en su área por accidente. Aunque ambas muertes
son igual de lamentables, a mi parecer no tienen nada en común a excepción de la especie, ya que sólo en el
caso del zoológico mexicano las acciones que rodearon el deceso del animal son
reprobables.
Una cosa es la medida desesperada para salvar
a un niño, que ninguno de nosotros puede juzgar como incorrecta si nunca hemos
visto en peligro potencial a un ser querido, pendiendo de un hilo ante la
reacción de un animal salvaje. El caso cambia cuando es la negligencia la que
se interpone, pues ningún ser humano estaba en peligro con Bantú y su muerte
representa una torpeza más de personal pseudocapacitado.
Aunque los animales salvajes no pueden –ni
deben- considerarse como mascotas, el compromiso de moral que hacemos una vez
que decidimos cuidarlos fuera de su hábitat es similar: protegerlos de todo mal
y salvaguardarlos del maltrato de terceros.
Hay casos pésimos, como el del zoológico de
Mendoza, pero los zoológicos no son el problema de trasfondo; si bien, lo ideal
es que cada animal este en su hábitat, los zoológicos han demostrado que bajo
la adecuada administración humana sirven para rescatar a especies de la
extinción, así como para lograr una conciencia asertiva en la mente humana.
Los malos zoológicos deben ser cerrados, eso
es un hecho; pero su fama no debe afectar a los buenos, pues muchos de estos
lugares incluso han logrado regresar exitosamente a la fauna a algunas de sus
especies.
En conclusión: no quiero que cierren los zoológicos, no quiero que los animales que
tienen un hogar ahí sean sacrificados o afectados en su integridad por algún
pensamiento de furor ecochairo que yo pueda llegar a desarrollar; no obstante,
si urgen mejores condiciones para estos lugares y mayor cultura para que nunca
más volvamos a tener casos como el de Arturo o Bantú.
Los zoológicos deben tener el fin de educar y
preservar más allá del de entretener; si sólo tienen esta última característica, las
víctimas seguirán en crecimiento y las condiciones deplorables seguirán cobrando vidas.
¿Qué opina usted? ¿Cree en los buenos
zoológicos? Su opinión es muy valiosa y también puede participar en la
sensibilización hacia los animales si lo desea. Y lo más importante, recuerde
que este espacio es… “Sin ánimos de ofender.”